¿… SE LO LIMPIO?
Dos historias, dos mundos, dos lugares pero un mismo oficio, limpiar vidrios de carros en las calles.
Las 12 del medio día. Pasan y pasan carros por la carrera 12, y en ellos, muchas personas que se dirigen a almorzar y en lo posible a descansar un poco. Para Jhon Jairo ésta es la mejor hora para trabajar, pues “a punta de agua, fab y gente buenagente” realiza su labor, limpiar vidrios. Una hora después, empieza a llover. Por la calle siguen pasando bastantes carros, pero se arruina “la camellada”. Hay que esperar que escampe porque esta “agualluvia” no hace parte de sus herramientas
de trabajo. Para Jhon Jairo que llueva significa parar el “camello” un rato.
Para Chicho, este momento de lluvia está sirviendo para llenar su botella de agua Santa Clara. En pleno semáforo del
-¡Que aguacero! dice Chicho, y se le ocurre que “con tanta llovedera” va a tener que conseguir otra botella para recoger un poco más agua.
Llueve aún, Jhon Jairo aprovecha para ir a almorzar porque cuando escampe le espera una larga jornada. Al llover, la mayoría de carros quedan sucios y es ahí donde se aprovecha para hacer más dinero. El “almorzadero” es en
Disminuye la lluvia, y empieza a salir un sol picante, “de esos que saben hacer en Pereira” a las tres de la tarde. El flujo vehicular baja un poco, Chicho, con no más que una chocolatina en el estómago, habiéndosela comido a las 10:30 a.m. y sin haber almorzado aún, se para con toda la energía para seguir limpiando vidrios. Él es de esos niños que a muchos de nosotros nos molesta e incomoda, porque como lo dijo un conductor: “se vienen encima de uno a limpiarle el vidrio a la fuerza, sin uno querer”. Sin embargo, Chicho dice que sin importar cómo lo traten es de la única forma que consigue dinero para no morirse pues él considera que no tiene vida: Termina de trabajar entre las 7:30 y 8:00 de la noche y se queda por ahí andando en la ciudad. Con 15 años no sabe que es tener un hogar, solo tenía a su mamá y ella también era una habitante de la calle que para ganarse la vida, vendía galletas en los buses con él “colga´o al hombro”, hace 2 años murió atropellada por el Megabús en la avenida ferrocarril, en la zona que muchos llaman “un moridero”, al frente del restaurante donde almuerza Jhon Jairo, y donde día a día mueren personas, por este motivo o asesinados por “sus amigos”. En este mundo de consumo, tecnología, comodidades, y ‘relajo’, tener una vida así es bastante dura, pero hay quienes la disfrutan, viven felices o simplemente no saben de que otra forma vivir y ya se acostumbraron.
Jhon Jairo por su parte, es un hombre de 37 años que vive en
n un hostal que le cuesta “5 lucas la noche”. Nacido en el Banco Magdalena, vino a dar a Pereira, porque trabajaba en INCA, una fábrica de construcción de maquinaria pesada donde trabajó por 8 años. Su papá se murió cuando tenía 9 años y su madre hace 4; no piensa volver a su cuidad porque dice que ya no tiene a nadie. Lleva 11 años en Pereira y 10 lavando vidrios en la misma esquina de
Chicho diariamente se recoge entre $4.000 a $6.000 que invierte en la comida de la noche que es “aguapanela y 2 pedazos de pan” que venden donde Chamo a $900, en “medicina” como le llama él a los 2 frascos de pegante amarillo de 150ml que consume en un solo día y que le cuestan $1.700 cada uno, el “cigarrillito que no puede faltar por al mañana y por la noche pal’ frío”; y cuando el dinero le alcanza, almuerza.
Chicho se considera “rezandero”, su mamá le enseñó que todos los domingos debe ir a misa a agradecer porque aún sigue vivo y ofrecerle el trabajo que le da para poder comer todos los días. La iglesia a la que se dirige dominicalmente es a
Siguiendo con las ganancias, en la “oficina” se ganan aproximadamente entre $10.000 y $15.000 diariamente cada uno, Jhon Jairo y el Negro considera que es por dos cosas principalmente, primero porque por “la oficina” pasan mucha más cantidad de carros que por la 17 y seguidamente por ser ellos ya adultos. Las personas se atreven a darle más dinero, pues muchos somos consientes de que existe la explotación infantil “por esos programas que muestran de Pirry en televisión”, dijo un conductor que paró en la esquina a saludar a el Negro. Así, Jhon Jairo invierte su dinero diariamente en pagar la pieza del hostal en el que vive, en el almuerzo, al igual que Chicho en la comida donde Chamo, que es exactamente la misma y como no le gusta consumir ninguna sustancia psico activa no tiene que gastar en ello, él dice que solo tiene dos vicios “el cigarrillo y la novia”. Jhon Jairo, tiene una novia hace 3 años que vive en barrio San Judas, subiendo la falda de
Él aún lo buscan de vez en cuando en construcciones para que pinte, pegue enchapes, haga aseo, en fin haga “trabajitos varios”, allí lo contratan tiempos definidos y se gana más que lavando vidrios, pero como estas contrataciones no son un trabajo constante, continúa con su oficio. Lo que gana cuando trabaja en construcción, lo tiene “bien encaleta´o” porque sueña con cazarse con su flaca e irse a vivir con ella, sin embargo él es consciente de que le tomará bastantes años y a veces siente miedo porque cree que de pronto ella se canse de esperarlo o lo deje de querer.
Chicho cierra el telón de estas historias y por qué no de ésta crónica, diciendo algo que suena sorprendente por salir de un niño como él, un habitante de la calle, sin estudio, sin familia, pero con un corazón lleno de amor: “No importa qué horas sean, si comí o no, si me dan plata o no, yo siempre estoy listo con una sonrisa para atender a la gente, así me cierren la ventana en la cara o hagan el amague de pisarnos”

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