lunes, 1 de junio de 2009

¿PARA QUIÉN ES EL ÉXITO Y LA VICTORIA?


En la actualidad, Pereira ha entrado en un proceso de crecimiento y modernización. Así nació un plan de renovación que le cambiaría la cara a una zona vulnerable de la ciudad, pero que a la vez trajo consigo un retroceso para los habitantes de este sector.


Entramos en una nueva era, la era de lo moderno: la estética, lo rápido, los avances, la tecnología, el consumo y el capitalismo. Una lógica universal que cobija aun a quien no quiere. En medio de esa modernización lo que prima es un avance material, reflejado en la construcción permanente sobre lo que antes era verde y ahora es cada vez más gris. Sinónimo de ello, es el plan parcial de renovación urbana Ciudad Victoria, realizado en la antigua galería central de Pereira (carreras 10 a 12 con calles 14 a 18); lugar que era considerado como zona de tolerancia, por las personas que habitaban allí –que eran aproximadamente 12.000– y las circunstancias de deterioro en que se encontraba. Así el proyecto nacio con el fin de mejorar la zona para que se convirtiera en un lugar agradable para el esparcimiento, el comercio y la cultura de los ciudadanos.

A causa del terremoto del 25 de enero de 1999, la galería se vio afectada en su infraestructura, lo cual sirvió como pretexto para acelerar el proceso del proyecto. Pretexto, pues a muchos hicieron creer que el motivo por el que se construiría el proyecto Ciudad Victoria, era por la seguridad de la zona y de sus habitantes; sin embargo, desde la alcaldía de Luis Alberto Duque (1998-2001) ya se tenía planeado acabar con la galería y darle ese toque moderno que la ciudad estaba necesitando. Pero ¿será qué este plan de renovación, sí renovó algo más que la infraestructura del lugar?

A un lado, en la periferia de esas grandes construcciones que cada día hacen sentir más orgullosos a los pereiranos, se encuentran esas personas que no sienten lo mismo, porque estas edificaciones en vez de dignificar su vida, han hecho que siga igual o peor, pero siguen siendo parte de esta ciudad, aunque parezca que no es así. Ellos son los vendedores informales y habitantes de la calle, que diariamente dan vida y movimiento a todo ese concreto gris que cobija la ciudad. El proyecto Ciudad Victoria, dentro de sus objetivos, proponía reubicar y dar apoyo a habitantes de la calle y vendedores informales del sector, según su decreto en el artículo 3 (ver recuadro). En la administración de Marta Elena Bedoya (2001-2003) se le dio vida al proyecto. Ella junto con los diseñadores, pensaron que la reubicación de los vendedores debía realizarse en bazares populares ubicados en diferentes sectores de la ciudad y asimismo crear una nueva plaza de mercado, donde se les pudiera brindar más seguridad y comodidad tanto a vendedores como a compradores. Pero antes de derrumbar la antigua galería –en el segundo semestre de 1999–, algunos vendedores fueron reubicados en Impala, una bodega transitoria, mientras se construía la plaza de mercado minorista ubicada en el sector de Turín; otros en bazares, quedando en sectores retirados y poco estratégicos por lo cual las ventas bajaron al igual que su calidad de vida. A los que tenían locales aledaños al lugar, les ofrecieron tan solo 2 millones de pesos, por cada local, siendo el costo real de 15 millones de pesos en tal época, pero se les ofrecio tal cantidad con la excusa de ser un subsidio por los daños del terremoto: los mismos vendedores dicen que las edificaciones no quedaron dañadas, que apenas tenían unas cuantas grietas. Este dinero entregado por la alcaldía, debía servir para el sustento de cada familia durante los 6 meses que duró el proceso de reubicación, sin embargo no alcanzo para el sustento de las familias, por lo cual muchos tuvieron que volver a apropiarse de las calles para vender. Es decir, ellos se sienten estafados, porque fueron reubicados en zonas retiradas del centro, donde la gente le da pereza ir a comprar, y es que teniendo un Éxito en el corazón de la ciudad y mil hipermercados más, la gente ya no ve la necesidad de desplazarse a la nueva plaza de mercado.

Después de 5 años de tener sus lugares establecidos, las escrituras aún no son entregadas, así que los locales siguen siendo de la alcaldía y son ellos los que mandan;entre los vendedores se escucha casi al unísono que allá la gente no entra por la ubicación, porque además de esto, en lo que se les prometido se incluía una bahía, una zona de parqueo y estas nunca fueron hechas.

Sin embargo, los trabajadores del sector poco saben de las estrategias de desalojo realizadas por el escuadrón móvil antidisturbios (SMAD), y tal vez con justa razón, pues la preocupación de ellos radicaba en ese pedazo que les pertenecía y que era el sustento de su familia. En las reuniones con el Sindicato se les decía que sus locales iban a ser comprados, y que serían reubicados bajo unas garantías que sonaban convincentes, para asegurarles que sus ventas se seguirán dándo con los mismos resultados. El proceso con los habitantes del sector fue voraz, “me acuerdo muy bien, tengo la imagen viva. Los robocops nos encerraban, se paraba en cada calle una fila de ellos y nos encendían a gases, nosotros teníamos que salir como en estampida humana” Contaba un hombre que vivió este proceso de desalojo y que ahora, sobrevive con una chaza en la calle 15, continúa diciendo: “acá esto que usted ve encerrado por mallas verdes, en el desalojo quedo lleno de cebadares (…) a los locos que corren y corren del sector cuando los ven por ahí durmiendo los despiertan los cobras (una división de la policía) a punta de gas en los ojos”. El horario estratégico del SMAD eran las noches, a la parte subterránea de la galería, donde dormían los habitantes de la calle, llegaban armados y con gases, sacando a la fuerza a las personas del lugar, para poder cumplir con el gran proyecto y calmar así el antojo de modernismo que sobresale actualmente. Jorge Mario, un ex funcionario de la Policía nacional de Pereira, contó como el gobierno contrataba a personas para que con golpes terminaran de acabar con la infraestructura del lugar, tal cosa con el fin de mostrar el estado de deterioro del lugar para que se pudiera agilizar el proceso de demolición de la galería.

El plan de renovación, como la mayoría de proyectos se queda en el papel y a la vez son pensados solo para un determinado grupo de ciudadanos, pues por sus diferencias económicas hay quienes aportan y quienes no, esto, sólo en convicción de un monopolio. Dentro de los objetivos de Ciudad Victoria, estaba darle apoyo alimenticio a los habitantes del sector, pero como se puede ver: estas personas se encuentran regadas por toda la ciudad y cada vez en peores condiciones, en la medida en que se construyen edificaciones, estas personas que no le “aportan nada a la ciudad” –como dice el mismo director del área metropolitana Carlos Elías Restrepo– son excluidas y desalojadas de tales sectores. Así, entre desalojo y desalojo, estos habitantes se han reubicado en un sector cercano, la comuna Villavicencio, en condiciones deplorables y corriendo peligro de sufrir algún accidente porque el Megabús pasa muy cerca; la calidad de vida se ha vuelto peor que cuando habitaban en la galería, y las propuestas de perfeccionamiento se han quedado en el olvido, pues ya no se escucha que se quiera dar a los habitantes de la calle un apoyo que traiga consigo no solo alimentación y aseo, sino que les brinde educación o tratamiento psicológico para garantizarles una mejor vida.

Este proceso es la muestra de una permanente realidad, donde el pobre se hace más pobre y el rico más rico, pues para unos este plan de renovación fue un gran Éxito, una magnífica Victoria. El progreso que una ciudad con las características de Pereira necesita, inmediatamente se asemeja a ser una ciudad comercial que vende la idea de progreso con una base muy sólida: el cemento; a raíz de un monopolio que establece las grandes empresas apoyadas por gobiernos, o en este caso alcaldías donde se deja de lado los verdaderos problemas, pasando por encima de las poblaciones vulnerables.

Las personas del sector se hacen conscientes de esto cada vez más, pues “este gobierno tiene mucha plata y toda es para la guerra y centros comerciales, en este país no se quiere al pobre, todo es para la clase alta, ¿cuándo nosotros vamos a poder comprar o comer algo en Victoria plaza? nunca, ahí no entra gente sin dinero y mucho menos mal vestida” dice un habitante de la calle.

Esto es una evidencia de que hay exclusión por parte del monopolio, primando siempre sus intereses. Se demuestra así, una y otra vez que la base sólida de una ciudad no es el cemento por muy fuerte que parezca, sino lo que la gente se construya en ella, porque en la colectividad se ven los resultados equitativos para el equilibrio y sostenimiento de la misma. Así que: ¿Para quién es el éxito y la victoria?

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RECUADROS
· Cada proyecto debe cumplir con unas normas y si llegado el caso no cumple con los objetivos pensados, puede gestionar para cambiarlas o crear nuevas. Para realizar tal gestión, se deben crear planes parciales o planes de ordenamiento territorial (POT) porque como son pensados en pro de un mejoramiento de la ciudad, se hace más rápido el canal de gestión.
· ARTÍCULO 3. OBJETIVOS GENERALES Sobre lo social: Realizar acompañamiento e intervención social a los habitantes y grupos vulnerables que laboran y conviven en el sector de la antigua galería, intentando contribuir al mejoramiento de sus condiciones de vida.


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